Aunque provoque justificada hilaridad, el trio Olmert-Livni-Barack se hacen saber “moderados”.
Y yo no puedo ver mas que el antónimo a esta palabra en su forma de pensar y actuar. Casi tan cruel como su “inevitable” carnicería el la Franja de Gaza.
Se justifican; en su pecado esta su penitencia. ¿Como pueden llamarse a la moderación con semejante perspectiva?
Las desproporcionadas dimensiones del ejército invasor israelí, dotado de unas 400 ojivas nucleares frente a la guerrilla islámica Hamas: se trata de una guerra entre un elefante militar (Israel) y la hormiga Palestina (Hamas).
Ni siquiera podemos hablar de una guerra entre paises.
La Franja de Gaza no es un país (hoy sitiado por cielo, mar y tierra y carente de agua y alimentos, no se diga de ayuda humanitaria sanitaria), sino un dantesco campo de refugiados medio en ruinas cuya aplastante mayoría, de millón y medio del total de sus habitantes, vive en condiciones infrahumanas de hacinamiento en la ciudad de Gaza, también cercada por el ejército invasor israelí. Con un grupo de unos 25.000 guerrilleros dispuestos a lo luchar contra la opresión absoluta y limpiezas teológicas de un Israel cada vez menos creíble incluso ante agresiones sufridas.
Israel cuenta con 168 mil tropas activas y 408 mil reservistas, ¡casi 25 veces más de soldados profesionales que los guerrilleros de Hamas!
La triste realidad es que en una “guerra convencional”, como ha sido demostrado en los últimos 60 años, la fuerza armada israelí dispondría letalmente del equivalente a los ejércitos regulares de los 22 miembros juntos de la Liga Árabe.
Visto esto y ante tal perspectiva, lo que esta ocurriendo desde el día 27 de Diciembre del pasado año es un acto de moderación.
De echo el Estado de Israel solo busca la paz moderada.
La paz que da el silencio de los sepulcros y la soledad que deja la muerte.
Pero el Estado de Israel se olvida de algo, que la muerte, acumulada, estimula la memoria y ni su mejor “guerra de propaganda” podrá evitarles, quizás, que encuentren esa paz que tanto parecen anhelar.
La paz de los sepulcros.
I. TERRONES
La fuerza de un pueblo reside en sus raíces,
pero desde hace muchas generaciones ya,
las raíces de Palestina solo beben del odio de un vecino
que la somete
y de la humillación del resto que la ignora.





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